A un grupo de niños que celebraban Halloween se les permitió entrar a una casa con la condición de que cada uno solo tomara un dulce. Sin que los niños supieran, eran observados para ver si cumplían o no con su palabra. El resultado fue que el 33,7% de los niños tomó más dulces de los que deberían. Luego, los investigadores colocaron un gran espejo al costado de los dulces, de tal forma que cuando el niño tomara la golosina, este se viera reflejado en él. Nuevamente observaron a los niños, sin que ellos lo notaran, y esta vez solo el 8,9% de los niños tomó más dulces de los que deberían.
 
Robert Cialdini (2008) narra esta investigación en su libro “Yes”. Al colocar un espejo, los niños tomaban conciencia de sus propias conductas. Es como si aumentara su sensibilidad moral y les magnificara la conciencia. 
 
¿Qué se puede concluir de esta investigación? Cuando se pueda, es conveniente colocar espejos, por ejemplo en las tiendas o sitios públicos en los que se requiere influir para que las personas actúen éticamente.
 
El problema es que en la vida diaria, no tenemos suficientes espejos para captar gran parte de nuestras conductas. Es más, a veces en realidad no queremos verlas plenamente. En el mundo de los negocios, nos enfrentamos constantemente al dilema de la rentabilidad versus la honestidad. Estamos tan centrados en conseguir nuestras metas, en lograr resultados, que no le prestamos atención a nuestra conciencia. La situación se complica aún más cuando se combina con el fenómeno de “Todos los hacen”. Cuando en un país hay conductas que todos hacen, disminuye la intensidad moral y las personas ni siquiera cuestionan lo que hacen. Por ejemplo, en muchos países de Latino América hay sitios reservados para discapacitados, pero muy pocos los respetan. Como nadie lo hace, las personas no piensan en su conducta al infringir la norma, no se cuestionan y ni siquiera tienen remordimiento. 


 
Los espejos también funcionan porque afectan el principio de coherencia. Los seres humanos buscamos el equilibrio  entre nuestros pensamientos, valores y acciones. Los espejos hacen evidente si nuestra conducta es coherente.


 
En otro estudio, a un grupo de personas se les dio una bola de básquet y se les puso una canasta a unos 5 metros. Se les dijo que traten de encestar la mayor cantidad posible de pelotas. Se les dejó solos, pero se les filmó con una cámara escondida. Luego se les preguntó cuántas canastas habían encestado y la mayoría de personas mintió sobre su cifra real. Luego, al mismo grupo, se le hizo una encuesta sobre valores. Se les preguntó si ellos actuaban coherentemente, si valoraban la honestidad, preguntas que todos respondieron afirmativamente. Posteriormente, se les pidió que vuelvan a encestar la mayor cantidad de pelotas y se les dejó solos. Cuando se les preguntó cuántas habían encestado, la mayoría dijo honestamente la cifra correcta. El principio de coherencia había logrado que la mayoría diga la verdad.
 
Si quiere que exista mayor ética en su empresa, pregúntele más seguido a sus colaboradores sobre su posición sobre la honestidad. Todos van a decir que es importante, pero esa pregunta influirá en ellos, haciendo que busquen una mayor coherencia en sus conductas. En cuanto a usted mismo, aprenda a mirarse en su “espejo mental”, a preguntarse si la conducta que está haciendo es coherente con la manera en que usted quiere ser definido como persona.

 

No deje de cuestionar sus actos y si estos coinciden con sus valores, estas reflexiones son positivas porque el entorno está siempre lleno de tentaciones.

 

Por David Fischman

 

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                      

Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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