...  El secreto es usar un mínimo de disciplina para crear un nuevo hábito que maximice el cambio.

Para cambiar conductas se requiere mucha disciplina y perseverancia. Similarmente, para subir a otro piso de un edificio requerimos hacer el esfuerzo de subir las escaleras. Todo cambio es cuesta arriba y requiere esfuerzo. El problema es que muchos nos olvidamos que existe el ascensor, es decir los hábitos. Los hábitos perpetúan los cambios de forma inconsciente y sin esfuerzo.
 
Por ejemplo, cuando usted se levanta, no piensa cuál será la hora de cepillarse, ni en dónde está su cepillo de dientes, ni como usarlo: lo hace automáticamente porque ya es un hábito.

 

Según los autores Jim Loehr y Tony Schwartz1, la creación de hábitos o rituales, como ellos los denominan, nos ahorran energía y son fundamentales para lograr la mejora personal. 


 
En una investigación privaron de comida a los participantes por varias horas, luego les pusieron dos platos de comida: uno con apetitosas galletas de chocolate y otro con verduras. A un grupo se le permitió comer las galletas hasta saciar su apetito, al otro grupo se le pidió que no comiera las galletas y que use su disciplina para comer solo verduras. Luego, les dieron ejercicios matemáticos de mucha dificultad a los participantes de ambos grupos. El grupo que se restringió de comer galletas mostró menos perseverancia y disciplina en los ejercicios que el grupo que comió todo lo que quiso. Este tipo de investigaciones se han replicado varias veces, confirmando que el grupo que usó su disciplina al inicio para restringirse de comer las galletas, tenía mayor dificultad afrontando nuevos retos de disciplina. La conclusión a la que llegaron los investigadores es que contamos con una cantidad limitada de disciplina, que una vez gastada, restringe nuestra conducta.


 
Los rituales en cambio, nos ahorran energía. Una vez que logramos instalarlos en nuestras conductas, se perpetúan en el tiempo y no usan disciplina.

 

¿Cómo crear rituales de forma efectiva? Según los autores, es vital definir la hora y el lugar donde haremos el ritual y no cambiarlo.

 

En un estudio se le pidió a dos grupos de mujeres que realizaran un auto examen de mamas durante el siguiente mes. A uno de los grupos se les indicó que se comprometan a fijar la hora y el lugar donde se harían el examen y al otro grupo no. El 100% de las mujeres a la que se les indicó la hora y el lugar se hicieron el examen, en cambio solo el 53% del otro grupo se lo hizo. Otro aspecto que se ha estudiado es que uno debe crear rituales incrementales. Si queremos hacer ejercicio, no empecemos con 2 horas diarias de pesas y aeróbicos, mas bien tres veces por semana media hora. Una vez que se ha incorporado el ritual en nuestras conductas podemos incrementar la dificultad.
 
Si usted quiere cambiar, instale rituales que lo ayuden. Por ejemplo, el profesor Tal Ben Shahar de Psicología Positiva menciona que pasaba poco tiempo con su esposa y sentía un desbalance. Él decidió instalar un ritual semanal con su mujer. A una hora determinada, en un día determinado, Shahar sale con su esposa, comparte y profundiza su relación. Cada salida es diferente, tiene variedad, pero siempre sale a la misma hora. Personalmente tengo muchos rituales instalados que me ayudan a mejorar: tengo un ritual deportivo, nutricional, de meditación, de escritura de libros, entre otros. 
 
Defina qué quiere cambiar en su vida y cómo empujar una piedra cuesta arriba en una montaña, y trabaje para lograrlo con disciplina. Una vez que llegue a la cima, cree hábitos y deje que la piedra se deslice al otro lado, a toda velocidad y sin esfuerzo.

 

Por David Fischman

 

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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[1] The power of full engagement: Managing energy, not time, is the key to high performance and personal renewal, Jim Loehr and Tony Schwartz

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