Imagine que usted es gerente general de una empresa y tiene un gerente a su cargo, muy capaz en su profesión. Este gerente tiene un elevado conocimiento del negocio y ciertas competencias insustituibles, que mantienen a su empresa competitiva, pero tiene severos problemas de personalidad. Es egocéntrico, siempre lleva la contra, solo por el hecho de mostrarle al resto que él es quien tiene la razón. Es una persona disfuncional que convierte al equipo gerencial en un campo de batalla. Genera conflictos, agrede y genera discusiones que demoran las reuniones innecesariamente. Lo increíble con este tipo de personas es que no se dan cuenta de que ellas son el problema. Más bien culpan a los demás.
   
Este tipo de gerentes disfuncionales aparenta ser un cáncer cerebral inoperable. No podemos extirparlo porque perderíamos funciones vitales, pero sabemos que, si no hacemos nada, igual nos va a destruir. Por otro lado, si usted mantiene a un gerente disfuncional en su empresa, sin darse cuenta, está mandando un mensaje inconsciente de que prioriza los resultados sobre los valores. Si usted transmite que el liderazgo, el trabajo en equipo y las buenas relaciones interpersonales son parte de sus valores corporativos, al permitir que esta persona se quede en la empresa, se estaría mostrando como incoherente. Está mostrando que sus palabras no coinciden con sus actos. 
   
Si usted se encuentra en este dilema no crea que es el único. En la mayoría de empresas en las que he realizado consultorías de liderazgo existen casos similares. Desgraciadamente abundan los gerentes disfuncionales. Por suerte, a diferencia del cáncer, en este caso sí existen alternativas de solución.

   
La primera acción intuitiva que nos viene a la mente es tratar de ayudar a esta persona a que cambie.

 

Desgraciadamente, si el gerente disfuncional tiene un trauma emocional profundo, no se conseguirá ninguna mejora. Lo típico es contratarle a esta persona un “coach” que lo ayude. Este tipo de gerentes, con grandes egos, son muy buenos manipulando. Manipularán al “coach”, al jefe y a toda la empresa, mostrando que sí han cambiado. Pero en realidad, tarde o temprano, su verdadera personalidad se revelará. Este tipo de personas no cambia con un “coach” porque sus problemas emocionales radican en su niñez. Son, generalmente, personas que tuvieron padres ausentes, indiferentes o violentos. La labor del “coach” es persuadir a esta persona de que requiere ayuda psicológica profunda.

 
Otra opción para mantener a esta persona y no sacarla de la empresa es asignarle algún proyecto especial.

 

Si tiene conocimientos y competencias valiosas, hay que tratar de ponerlo en un área donde tenga la mínima interrelación con otras personas. Tratar de que trabaje lo más aislado posible y minimizar sus interacciones con equipos. De esta forma, se minimizan los posibles conflictos, el gerente general recupera su coherencia y mejora el clima laboral.

  
La tercera alternativa es sacar al gerente disfuncional de la empresa.

 

Aunque parezca indispensable, tarde o temprano traerá más perjuicios que beneficios. Si decide por esta última alternativa tenga mucho cuidado en la forma en que lo hace. Si usted lo despide por sus problemas emocionales, se convertirá en su enemigo. Muchas personas con traumas no admiten que tienen un problema y construirán su propia historia de víctimas donde usted será el villano. Como están desconectadas de sus emociones, y por ende de su conciencia, para ellas el fin justifica los medios y la venganza será su nuevo propósito en la vida. Tome sus precauciones. Lo mejor es conseguir que estos gerentes renuncien por voluntad propia. Finalmente, implemente medidas para que este tipo de personas nunca más sean seleccionadas en su organización.

 

 

Por David Fischman

 

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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