Enrique es una persona segura de sí misma y que hace las cosas a su manera. Decidió, a los 24 años, dejar la casa de sus padres para vivir por sus propios medios. Tiene un buen trabajo y es muy reconocido por sus jefes. Es muy competitivo y se ha trazado metas muy agresivas para su desarrollo profesional. Quiere ser el mejor ejecutivo de su área y no piensa descansar hasta lograrlo. Cuando era un niño, nadie creía que Enrique tendría éxito en la vida, ni siquiera sus padres. Hoy, quiere demostrarle al mundo que estaban equivocados. Enrique no solo busca destacar. Ante todo busca el reconocimiento de los demás. Este es el típico caso de una persona que es independiente pero no autónoma. 

 

Según Edgard Deci, un reconocido investigador de la motivación humana, la independencia significa “hacer las cosas por ti mismo sin depender de los demás”. En cambio, autonomía es “la capacidad de actuar libremente y de elegir nuestras opciones”.

 

En el caso de Enrique, es claro que no depende de nadie. Es independiente. Pero también es un esclavo de su pasado y su gran motivador es mostrarle a los demás que es una persona capaz.
 
Perdemos nuestra autonomía cuando nos dejamos controlar por eventos externos. Por ejemplo, hay quienes van “obligados” a reuniones sociales como el festejo de un cumpleaños porque quieren “quedar bien” y no por el cariño que puedan tener por el festejado. Una persona verdaderamente autónoma es aquella que hace lo que se siente intrínsecamente motivado a hacer, y no actúa por estímulos externos, como el alumno aplicado que estudia para sacarse la mejor nota de la clase (motivación extrínseca) y no porque desea aprender (motivación intrínseca).

Algunos pensarán que no importa si la persona se motiva extrínsecamente, si al final estudia o hace las cosas. Pero la motivación extrínseca tiene ciertas desventajas. En una investigación dividieron en dos a un grupo de alumnos. A unos se les advirtió que debían estudiar pues serían evaluados. Al otro grupo simplemente se le inspiró a aprender el material. Luego de un mes de realizada la evaluación del primer grupo, se midió cuánto recordaban del material estudiado. Los alumnos que estudiaron sin ser evaluados recordaban significativamente más que el grupo que estudió para que lo evaluaran. 

Edgard Deci también demostró que los bonos, premios o incentivos terminan reduciendo la motivación intrínseca y aumentando la extrínseca. Eso significa que los ejecutivos terminan perdiendo su autonomía y haciendo las cosas por el “caramelo” de los incentivos en lugar de por el placer y realización de un trabajo bien hecho. 

 

Definitivamente los bonos e incentivos motivan, pero es una motivación externa al individuo. Al final es posible perder el compromiso con el trabajo en sí mismo y, en algunas ocasiones, terminar considerando que el fin justifica los medios si se logran los objetivos.

 

Un auto puede adquirir mucha velocidad en una pendiente inclinada, pero si no tiene un buen motor, se le acaba la viada si es que no sigue cuesta abajo. Algo similar ocurre con los motivadores extrínsecos. Son como la pendiente inclinada. Nos mueven en la medida en que exista un poco de pendiente (incentivos). Pero la vida está llena de subidas y bajadas, y para las subidas; es decir, para las dificultades, necesitamos usar nuestro propio motor, nuestra motivación intrínseca. ¿Cómo desarrollarla? Siendo auténticos y eligiendo con libertad nuestro propio camino, buscando un trabajo que nos realice como personas. Un trabajo que disfrutemos hacer, al margen de cualquier incentivo o premio externo.

 

 

Por David Fischman

 

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                      

Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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