Enrique es gerente de división. Su personal lo admira, se siente identificado y comprometido con él. Sin embargo, Enrique tiene malas relaciones con sus colegas y con su jefe, Jorge, el gerente general. Enrique es explosivo, negativo y en varias oportunidades su jefe ha detectado que no dice la verdad. Jorge le ha dado retroalimentación a Enrique pidiéndole que mejore ciertos aspectos emocionales y éticos, sin ver cambio alguno. Prescindir de Enrique sería un problema para la organización. Su gente lo idolatra y, además, siempre cumple sus metas. Pero, por otro lado, le genera conflictos que lo hacen perder tiempo y productividad. 

Este caso es frecuente en las empresas, Enrique es un “líder salvador”; es decir, carismático. Pero con mucha necesidad de poder y con una moral débil. Se presenta como salvador ante su gente y, sin embargo, lo que realmente busca es su propio beneficio. 

Su estrategia más común es cortarle la comunicación a su personal con el mundo exterior, sembrando miedo en su gente. Dice cosas como, por ejemplo, “si te quejas con mi jefe, te despedirán” o “la empresa está mal, no comenten nada para que no nos despidan”. Una vez cortada la comunicación por el temor, su personal es presa fácil, les hace pensar que todo lo malo es culpa de terceros y él se presenta como su único aliado. En el caso de Enrique, cuando él necesita ser duro con su personal o dar una retroalimentación negativa, miente echándole la culpa al “ogro” de su jefe. Inventa historias donde, gracias a su intervención, no los habían despedido. Jorge termina en el papel de villano y Enrique en el papel de salvador preocupado por su gente. En otras palabras, este tipo de líderes genera una cohesión en su personal basada en el temor y el peligro exterior. Pero, a la vez, genera resentimiento con la organización, a la que culpa de todas las injusticias. 

 

Existen muchas formas de influir en las personas. Algunos líderes influyen inspirando una visión trascendente, basada en principios.

Otros pseudolíderes, como los salvadores, influyen sobre la base de la necesidad de seguridad de los demás; infunden miedos inexistentes para lograr sometimiento. Al sentir miedo el personal busca un salvador y está dispuesto a entregarle su total lealtad.

 

Para iluminar una población podemos disponer de muchas fuentes de energía, algunas más contaminantes que otras, pero que igual logran proveer la energía para la población. Lo mismo ocurre con los líderes y sus estrategias de influencia. Algunos, como los salvadores, usan energía psicológica como el miedo, que termina contaminando a toda su gente.

El dilema es que, en el corto plazo, este tipo de líderes genera resultados. Su personal, intimidado por el miedo, responde y se entrega. Sin embargo, contamina el clima laboral, generando mucha insatisfacción y conflictos que merman la productividad en el mediano plazo.

Dicen que un zorro trataba de influir sobre un cuervo para que bajara de un árbol y poder comérselo. Le decía: “Cuervo ignorante, ¿no conoces las profecías del talmud? Ya está por llegar el Mesías y, según la profecía de Isaías, el zorro yacerá con el cuervo y todos los animales vivirán en paz”. Mientras el zorro hablaba sintió los ladridos de un perro cazador y salió corriendo. El cuervo entonces le grito: “¿Zorro, por qué huyes? ¿No has escuchado la profecía de Isaías?”. A lo que el zorro respondió “Yo sí, pero seguro que ese perro ignorante no”.

Esta historia muestra, con humor, cómo las mentiras y manipulaciones al final se revelan.

 

Lo mismo ocurre con líderes salvadores. Al final la verdad termina emergiendo, pero probablemente después de haber causado un gran daño a la organización y a las personas.

 

Por David Fischman

 

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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