Recuerde alguna experiencia espiritual que le tocó vivir, puede ser el nacimiento de un hijo, una conexión profunda con la naturaleza, alguna vez que ayudó a otro ser humano de forma desinteresada o cuando alguna vez tuvo una conexión con lo divino. Le ruego que haga una pausa en la lectura y se de la oportunidad de recordar y sentir la experiencia.

 

Si les preguntara qué emociones sintieron, con toda seguridad sería una de estas: paz, bondad, felicidad, amor, compasión y/o humildad. Cuando nos conectamos con nuestra dimensión espiritual, dejamos emerger nuestro ser elevado que tiene todas las cualidades antes mencionadas.

 

Es relativamente fácil acceder a nuestro ser elevado cuando oramos, o paseamos por la naturaleza; pero la pregunta es si se puede acceder a él en ambientes de trabajo cargados de estrés y problemas. La respuesta es que sí se puede, aunque no es fácil y requiere que las personas desarrollen su inteligencia espiritual.

 

Combinando las definiciones de Wigglesworh y Diedrichdefined, la inteligencia espiritual es la capacidad de escoger el ser elevado sobre el ego, extrayendo su sabiduría y compasión para mantener nuestra paz exterior e interior al margen de las circunstancias.

 

Imagine como sería su empresa si sus empleados en su mayoría tuvieran inteligencia espiritual. Posiblemente el puesto de recursos humanos se transformaría totalmente.

 

La inteligencia espiritual es un concepto que ha sido estudiado académicamente, se puede medir y los resultados son positivos. En un estudio donde se analizó la relación entre inteligencia espiritual y liderazgo en 150 investigaciones, se encontró que a más inteligencia espiritual, mayor satisfacción de los reportes directos, menor rotación, mayor comportamiento ético, mayor desempeño y productividad.

 

Algunos confunden espiritualidad con religión y en realidad son conceptos distintos. Espiritualidad está relacionado a la conexión con lo divino, en cambio la religión esta relacionado a un dogma y una serie de rituales.

 

Hay personas que son religiosas pero que no necesariamente tienen conexión con lo divino. Otras personas religiosas que si tienen conexión. Pero también existen personas no religiosas y que son muy espirituales.

 

La definición de Inteligencia espiritual menciona que es la capacidad de elegir el ser elevado sobre el ego. El ego es el gran obstáculo para la espiritualidad en la empresa. El ego proviene de la identificación con nuestros pensamientos y emociones, es decir es nuestra autoimagen. No es que el ego sea malo, ya que su rol principal es protegernos como personas, alertarnos de peligros físicos y emocionales. El problema del ego es que esconde nuestro ser elevado, nos impide verlo o sentirlo porque termina siendo una amenaza para él.

 

Una conducta de ego es compararse todo el tiempo. No solo a nivel consciente, sino a nivel inconsciente. Por ejemplo, cuando hablamos mal de una persona en los pasadizos de la empresa; es decir, rajamos, nos estamos comparando. O, por ejemplo, cuando decimos: “El nuevo gerente de Marketing es un incompetente” realmente estamos comparándonos con él y diciendo “Yo sí soy competente”.

 

Otra conducta es mostrar nuestra brillantez. No solo significa sobre-vendernos en la empresa, también se da cuando otros nos presentan ideas y las rechazamos porque nosotros no las propusimos.

 

Según las investigaciones, la estrategia más efectiva para ir poniendo el ego en su sitio e ir despertando nuestro ser elevado es la llamada “mindfulness” o conciencia plena, una forma de meditación. Personalmente practico la meditación hace muchos años y puedo afirmar que tiene tremendos efectos positivos.

 

Por ejemplo, Apple en sus oficinas tiene un centro de meditación, una persona que enseña a meditar y todos los que deseen tienen media hora al día para meditar. Otras empresas empiezan cualquier reunión de trabajo con un minuto de meditación en silencio.

 

Estas estrategias mencionadas son positivas, pero para tener una cultura más espiritual, el gerente general debe dar el ejemplo, he ahí el obstáculo más difícil.

 

 

Por David Fischman

Originalmente publicado en Aptitus, 2015.

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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