Un investigador inglés colocó una escalera en una calle transitada para medir el nivel de superstición de las personas. El 70% de las personas decidió esquivar la escalera en lugar de pasar por debajo de ella, que era la ruta corta, mostrando así una dosis de superstición. Para sorpresa del investigador, cuando se les preguntó si eran supersticiosas y si pasarían por debajo de una escalera, sólo el 12% respondió que sí.1
 
La superstición está relacionada con la suerte. Las personas supersticiosas piensan que la suerte depende del destino y que ellas pueden influenciarla al evitar gatos negros o pasar por debajo de escaleras, entre otros. Pero… ¿la suerte es destino o voluntad?
 
El psicólogo inglés Richard Wiseman realizó un estudio para probar si la suerte dependía de la casualidad o de la voluntad. Encontró que el 50% de los entrevistados consideraba que tenía suerte y sólo el 14% pensaba que tenía mala suerte, el 36% restante no optaba por alguna postura. Este estudio demostró, primero, que las personas que piensan que tienen suerte no tienen habilidades psíquicas: ambos grupos fallaron en una prueba al intentar predecir el número de la lotería. Luego, llegó a las siguientes conclusiones sobre las personas que asumen tener buena suerte:
 
1. Crean un amplio círculo de amistades y relaciones. Al estar más conectadas socialmente, reciben más oportunidades, sonríen más frecuentemente, tienen un mejor contacto visual y su expresión corporal acerca a las personas y atrae posibilidades.
 
2. Tienen una actitud más relajada hacia la vida. Al tener esta actitud, poseen la capacidad de detectar oportunidades. La gente más estresada, en cambio, está más concentrada en sus problemas y no observa bien su entorno.  En una investigación que menciona Wiseman,  se arrojó un billete en el piso, camino hacia una cafetería. Efectivamente, las personas que consideraban que tenían suerte encontraron el billete en más oportunidades. Con ello se concluye que el hecho de que tomen la vida con una actitud más relajada les permite observar y captar las oportunidades del entorno.
 
3. Toman decisiones confiando en su intuición. En el estudio, 90% de las personas que consideraba que tenía suerte indicó que confiaba en su intuición versus sólo 20% de las personas que no se sentían con suerte.
 
4. Esperan que su buena suerte continúe en el futuro, con lo cual crean una profecía que se cumple. Como sienten que tendrán buena fortuna en lo que hacen, tienen una actitud más positiva, toman más riesgos, aprovechan más oportunidades. Se sienten más confiados y eso los ayuda a tener más posibilidades de ser exitosos. Todo lo contrario ocurre con las personas que consideran que no tienen suerte; si alguna vez son premiados con buena fortuna, lo ven como un evento temporal que se extinguirá rápidamente.
 
5. Interpretan los eventos negativos en sus vidas como pasajeros y como una oportunidad para aprender, siempre rescatando el lado positivo de las cosas.
 
Si usted está en un banco cuando unos ladrones lo asaltan y recibe una bala que le hiere el brazo, ¿consideraría que tiene buena o mala suerte? En un estudio, aquellos que previamente consideraban que tenían mala suerte, respondieron que sería otra situación más de mala suerte. Las respuestas de aquellos que previamente se consideraban con buena suerte dieron el resultado totalmente contrario. Ellos sentían que herirse sólo el brazo era buena suerte. Los que sienten que tienen suerte ven los eventos negativos como positivos. Eso les permite tener una actitud positiva, que les ayuda a tener apertura de mente y a encontrar soluciones a sus problemas.


 
En conclusión, en gran medida, la buena suerte depende de nosotros.

 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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[1] The Luck Factor, Richard Wiseman, pág. 166.

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