Imagine a alguien que camina por la vida llevando siempre una pequeña escalera. Cada vez que se reúne con otras personas, sube a su escalera y conversa desde allí con ellas. Al comienzo, le parece un poco extraño ver a todos tan pequeños. Pero, después de un tiempo, se acostumbra; incluso le parece normal que los demás estén debajo de él, y que deban mirar hacia arriba para hablarle. Algo similar le ocurre al líder que se acostumbra a estar más arriba que los demás. Algunos líderes llegan a sentirse superiores al resto de su equipo, cayendo en la trampa del ego.

André L Delbecq, de la Universidad de Santa Clara - California, menciona que el liderazgo tiene la capacidad de sacar a relucir el lado oscuro de las personas talentosas. Delbecq señala que cuando pensamos en los atributos de un líder, surgen respuestas típicas como: ágil de mente, estratégico, visionario, buen comunicador, orientado a la acción, entre otras. Sin embargo, llevados a un extremo, estos atributos nos pueden dirigir al lado oscuro de la arrogancia y la dominancia.

Como mencioné en un artículo anterior, Phillip Zimbardo diseñó el famoso experimento de la prisión de Standford. En este experimento, se asignó el rol de guardias o de prisioneros a un grupo de alumnos, de manera aleatoria. En el sótano de un edificio de la Universidad de Standford se instaló una cárcel, muy similar a una real, donde los "guardias" y los "prisioneros" debían convivir por dos semanas. El experimento tuvo que cancelarse, porque los alumnos que asumieron el rol de guardias se comportaban como personas crueles, sádicas y abusadoras con aquellos que tenían el rol de prisioneros: el ambiente los había transformado.

De manera similar, las personas que asumen una posición de liderazgo se incorporan a un nuevo entorno que, como en la cárcel de Stanford, los puede transformar y mostrar lo peor de ellos. En países latinoamericanos, donde los individuos muestran mucha deferencia hacia el poder, el reto es aún mayor. Las personas tienden a alabar y congraciarse con el líder para tener más cercanía al poder. Como menciona Delbecq, las personas se inclinan a estar de acuerdo con el líder, muchas veces por temor, y esto puede convencer al jefe o gerente de que él es el que lo sabe todo.  Por otro lado, los líderes tienen oficinas más grandes, autos más importantes, sueldos mayores, parqueos asignados y salas de reuniones impresionantes, que inconscientemente pueden crear un ambiente impactante y convencerlo de que es mejor que los demás.

 

Cuando el líder se torna arrogante y es manejado por su ego, usualmente comete errores estratégicos. Como no recibe información real de sus subordinados, asume que todas sus ideas son perfectas, y puede llevar a la empresa al fracaso.

 

¿Qué debemos hacer para no caer en las trampas del liderazgo? Como empresa, debemos tratar de fomentar un trato más horizontal dentro de la organización.

Cuando visité la empresa Intel en Estados Unidos, me sorprendió que el presidente de la corporación no tuviera un parqueo asignado y que su oficina fuera un cubículo más, entre 30 cubículos del equipo gerencial. Intel hacía un esfuerzo para crear un entorno que fomenta la humildad y la horizontalidad, en vez de la arrogancia y la jerarquía. Otro caso es el de Kimberly Clark Andina, que promueve el uso de vestimenta informal, entre otras estrategias para impulsar la horizontalidad. La compañía siente que la ropa informal iguala a todos y reduce las jerarquías.

 

A nivel personal, como líderes hay que estar alerta a las trampas del liderazgo. Debemos entender que si las personas están siempre de acuerdo con nosotros, estamos ejerciendo mal nuestra función.

 

Debemos saber que si nos molestan las sugerencias de nuestros subordinados, y sentimos que son una pérdida de tiempo, es que posiblemente ya nos encontremos en el lado oscuro de la arrogancia y la dominancia.

 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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