¿Cómo se sentiría si lo invitaran a cabalgar por un territorio con una vegetación hermosa pero le entregaran un caballo salvaje? Posiblemente no disfrutaría el paisaje. Forcejearía con el caballo, tratando de domarlo para que lo llevara a su destino, y acabaría exhausto, estresado o hasta accidentado.

De la misma forma, el ser humano tiene la oportunidad de pasear por la vida en un caballo sin domar: la mente. La mayoría recorre la vida sobre este caballo y permite a la mente dirigir su destino. No asume las riendas, ni lo doma. Se deja llevar por territorios agrestes: oscuros, negativos, pesimistas, angustiosos, de miedo y de estrés. No se da cuenta de que depende de ellos controlar su mente. Sólo así podrán recorrer territorios de paz y optimismo y disfrutar el paisaje de la vida. 

¿Por qué tendemos a la negatividad si no es saludable?

 

Ser negativo ofrece premios y beneficios: 


- Nos gusta conocer lo que ocurrirá en el futuro y tener el control. Detestamos la incertidumbre. Al pensar negativamente, contribuimos a que ocurra algo negativo y confirmamos nuestras creencias. 
- Al ver el aspecto negativo de las cosas, disminuimos a las personas involucradas. Al decir: “Él es un inútil” o “Los gobernantes son incompetentes, todo saldrá mal”. Al margen de la veracidad de los comentarios, existe el beneficio escondido de sentirse superior.  
- Ser negativo está de moda. Otorga sentido de pertenencia a grupos de estatus, donde quien cuenta la noticia más negativa gana mayor visibilidad e importancia. La persona ‘negativa’ es valorada como inteligente y crítica.

Si una ciudad está muy sucia, la municipalidad hace grandes esfuerzos para limpiarla. Pero si las casas siguen arrojando basura, el esfuerzo inicial será en vano. La campaña masiva de pensar positivo ayuda a limpiar la basura de la ciudad, pero debemos hacernos responsables de nuestros pensamientos para no seguir arrojando basura negativa.

 

Ciertamente, existen momentos donde es válido pensar negativamente o con preocupación. Estos pensamientos nos alertan de una crisis o de un problema potencial. Pero utilicemos estos pensamientos negativos como alarma y no como forma de vida.

 

Pongámosle a nuestra mente un vigilante que cuide la entrada de pensamientos no deseados. Así evitaremos que nos roben nuestra tranquilidad y paz en la vida.

Cuentan que un discípulo le dijo a su maestro: “Maestro, todo me sale mal en la vida. Perdí el trabajo, mi esposa me dejó, vivo enfermo. Ayúdeme a cambiar mi suerte”. El maestro le dijo: “Toma este amuleto, es de un mineral sagrado. Cuídalo, te cambiará la vida”. A los 3 meses regresó el discípulo feliz y dijo al maestro: “Su amuleto divino me ha cambiado la vida y ha generado cambios maravillosos”. El maestro cogió el amuleto y lo aventó a un lago. El discípulo, desesperado, le increpó al maestro por lo que había hecho. El maestro respondió: “El amuleto que te di era sólo una piedra que encontré en el camino. Ya no la necesitas. Como veía que usabas tu imaginación para destruirte, te di la piedra para que la usaras para construirte”.

Como en la historia, no esperemos un amuleto mágico para cambiar.

 

Usemos nuestros pensamientos para construir y no para destruir nuestra vida. Sólo depende de nosotros. 

 

 

 

 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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