Observemos la evolución de las teorías de liderazgo. Una de las primeras teorías planteadas a comienzos de siglo es la teoría del “Gran Hombre”, donde el líder es una especie de héroe que nace con características únicas que la mayoría no tiene ni puede adquirir. Se refiere a líderes como Washington y Churchill. Luego aparecen teorías que se concentran en las conductas del líder, con conceptos como líder autoritario versus participativo. Luego surgen teorías de liderazgo situacional, planteando que el estilo del líder debe cambiar según la tarea y el subordinado.

En 1978 James McGregor Burns sugiere la teoría transformacional donde el liderazgo es un proceso en el que el líder y los subordinados se ayudan mutuamente en su crecimiento para llegar un nivel superior de moralidad y motivación. Esta teoría, perfeccionada por Bass en 1985, es hoy día una de las teorías más utilizadas mundialmente en el entrenamiento en liderazgo. 

Como podemos ver, la evolución de las teorías se inicia con el concepto del líder héroe que tiene todas las respuestas, nacido para mandar, y termina con un liderazgo más humilde abocado a un proceso de transformación trascendental, que ayuda a crecer a sus subordinados. Un líder que busca el interés común más que el propio. Aún más, hoy día está siendo trabajada por muchas empresas americanas la teoría de “Liderazgo Servidor” de Greenleaf, que plantea que el verdadero objetivo de un líder es ser servidor de la sociedad, de su comunidad y, sobre todo, de sus subordinados.

La esencia del liderazgo que está emergiendo hoy, la describe el talmud: “El acero rompe las piedras, pero el fuego derrite el acero. El agua apaga el fuego, pero las nubes absorben el agua. La tempestad dispersa las nubes, pero el hombre resiste la tormenta. El miedo conquista al hombre, pero el vino hace desaparecer el miedo. El sueño puede con el vino y la muerte es el sueño supremo. Pero la caridad, dice Salomón, salva incluso de la muerte.”

 

El hombre en este siglo está volviendo a sus raíces como ser humano, el servicio, la caridad y el amor. Como menciona este párrafo del talmud, la caridad; es decir, el servicio es el máximo poder y es hacia esa dirección hacia donde se orientará el liderazgo con más fuerza. 

 

En un congreso internacional de liderazgo donde participaron prestigiosos académicos, hombres de negocios y consultores, preguntaron: “¿Cuál es el nuevo rol del líder en esta época?” Lo increíble era el nivel de coincidencia de los trescientos asistentes. La mayoría hablaba de un liderazgo con significado, orientado a causas trascendentes. Hablaban de un liderazgo de servicio centrado en aquello importante en la vida. 

Jim Collins, coautor del best seller “Built to last”  sacó el libro “Good to great” donde estudia y compara a empresas norteamericanas importantes. Uno de sus hallazgos es que los líderes de las empresas de mejor desempeño en su estudio no eran los famosos, visibles y héroes. Eran más bien de perfil bajo, humildes pero con una gran determinación de crear una gran compañía. Eran ambiciosos, pero no con sus intereses egocéntricos sino más bien con los intereses de la organización. Nuevamente Collins confirma la importancia de un liderazgo servidor, un liderazgo que pasa por encima de uno mismo y orientado a una causa  trascendente.

Cuentan que un grupo de personas que transportaba varias bolsas de oro de una orilla a otra chocó con una piedra y su bote se hundió. Al comienzo las personas tomaron, cada una, una bolsa para tratar de salvar el oro pero se dieron cuenta de que se hundían y las soltaron. Pero una de ellas vio una oportunidad y empezó a rescatarlas para tener más oro. Mientras los otros se acercaban a la orilla, el que nadaba con las bolsas con las justas podía mantenerse a flote. En pocos minutos el de las bolsas de oro se ahogó, mientras los otros llegaron a la orilla.

 

Mantenernos a flote en el liderazgo de este nuevo siglo va implicar que aprendamos a soltar las bolsas de oro del poder, del ego y de estatus. No solamente veremos que sin ellas podemos ser más efectivos, sino que además nos sentiremos mejor con nosotros mismos.

 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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