El gerente general de una empresa le sugiere a Enrique, gerente de marketing, que Pepe, gerente de sistemas, los ayude a implementar la tecnología de CRM en su área. El gerente de Marketing acepta con entusiasmo la sugerencia del gerente general y se reúne con Pepe e inician el trabajo. Pepe dedica tiempo y esfuerzo a la tarea. Tienen reuniones periódicas en las que Enrique le comenta lo contento que está con su trabajo. Meses después Enrique le pide a Pepe que suspendan un mes el proyecto por motivos presupuestales. A la semana el gerente general llama a Pepe para decirle que ya no trabaje más el proyecto de CRM con Enrique, ya que éste está descontento con su trabajo y no requiere sus servicios. Pepe no lo podía creer, no sabía que había pasado, Enrique siempre le dio la impresión de que todo estaba bien.
 
Esta es una típica historia de doble cara, cuando uno recibe las señales de satisfacción con su trabajo o relación, pero a espaldas se habla mal de uno. Si existe una cultura de doble cara en una empresa tiene doble costo. El costo de la desconfianza, donde nadie sabe cuándo le dicen la verdad y cuándo no. Cuando hay desconfianza la gente se protege, no pasa toda la información y los procesos se demoran.

 

Pero además la cultura de doble cara genera un clima negativo entre las personas donde abunda el pelambre y el chisme afectando finalmente la productividad.

 

La pregunta es ¿por qué la gente acude a la doble cara, por qué no decir lo que pensamos abiertamente? La respuesta es compleja y se puede deber a muchos motivos. En primer lugar hay personas que evitan el conflicto a toda costa. Por ejemplo una persona que de niño vivió experiencias conflictivas, donde los padres se peleaban agresivamente entre ellos, puede evitar el conflicto en la oficina porque no quiere revivir las experiencias duras de niñez. Una persona con este pasado, tratará de llevarse bien con todos y hasta decir cosas en las que no cree para que tapar toda posibilidad de conflicto.  Otro motivo puede ser por inseguridad. Aquellos que quieren quedar bien con todos en todo momento porque obtienen su sensación de valía personal de la aprobación de los demás. Este tipo de personas puede no decirnos lo que piensa para generar una relación positiva con nosotros, sin embargo, su propia sensación de inseguridad lo hace hablar mal de otros a sus espaldas para sentirse mejor y competente.
Finalmente, otro motivo puede ser que la persona haya aprendido a tener un estilo doble cara porque así lo educaron de niño. Quizás alguno de sus padres era doble cara y esta persona aprendió que es normal relacionarse con los demás siendo doble cara, hablando a espaldas de otros y evitando el conflicto. 

Cuando descubrimos que alguna persona ha sido doble cara con nosotros hablando mal de nosotros a nuestras espaldas, la sensación es muy desagradable. Uno se siente defraudado y agredido. La primera reacción es enfrentar a la persona con la misma agresión. ¿Pero vale la pena? Justamente si la persona es doble cara es porque tiene algún tipo de problema y nuestra agresión hará que la persona evite enfrentar aún más el conflicto.  El Dalai Lama dice: “Ama a tus enemigos porque son ellos los que te enseñan la tolerancia y el perdón”.

 

Cuando una persona es doble cara con nosotros, es una buena oportunidad para mejorar nuestra competencia de tolerancia y perdón.

 

Una forma de hacerlo es pensar que las personas doble cara sufrieron algún tipo de problema de niñez, que son las circunstancias que han generado su conducta y tratar de ser compasivo con ellos. Cuando sentimos compasión por otro, nuestro ego herido por la agresión se desinfla y somos más tolerantes con los demás. Posteriormente podemos, con respeto y compasión, decirle lo que pensamos a la persona doble cara. La persona que ha sido hipócrita debe aprender que al final todo se sabe y que finalmente tendrá que enfrentar las consecuencias de sus actos. De esta forma, la ayudamos a mejorar.

Por otro lado, mostrarnos amables y complacientes con las personas y luego hablar mal a espaldas de ellos, es bastante común en la sociedad. Es una conducta socialmente aceptada y que muchos hacen. Cuando nos enteremos que una persona que nos muestra aprobación ha hablado mal de nosotros, aprovechemos la oportunidad. Observe lo mal que se siente el descubrirlo y pregúntese si usted quiere seguir contribuyendo a esta cultura.  

Si usted quiere fomentar una cultura de transparencia y honestidad en su empresa, no se preste al pelambre y los chismes. Si alguien intenta decirle algún comentario negativo de otra persona, pregúntele si ya se lo ha dicho a la otra persona en la cara. Si no lo ha hecho, no lo escuche, pídale que se lo comente a la otra persona primero. De esta forma estará ayudando a fomentar un estilo asertivo en la empresa y generando una cultura de confianza. 

 

 

Por David Fischman

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                      

Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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