Un grupo de científicos italianos estaban registrando las respuestas de las neuronas en el cerebro de un simio cuando le entregaban un plato con maníes. Cada vez que el simio tomaba los maníes con la mano, había un conjunto de neuronas en la corteza motora de su cerebro que se activaba. Los científicos se sorprendieron cuando, de pura casualidad, descubrieron que las mismas neuronas en la corteza motora del cerebro del simio se activaban cuando el propio investigador cogía los maníes. En otras palabras, había un grupo de neuronas en el cerebro del simio que se activaba cuando el simio tomaba el maní o cuando era el propio investigador el que tomaba el maní.

 

Aquí nace el concepto de las neuronas espejo, neuronas que nos permiten ver lo que hacen otras personas, poder entenderlos y ponernos en su lugar y sentir lo que ellos sienten.

 

Cuando usted ve a una persona bostezar y se contagia el bostezo o ve a un bebé sonreír y usted sonríe también es porque sus propias neuronas espejo se activan.

Cuando usted va al cine y ve una escena romántica o inspiradora o cuando ve sufrir a uno de los actores y derrama una lágrima, son sus neuronas espejo las que se están activando en su cerebro y le están permitiendo sentir lo que sienten los personajes. Algo similar ocurre cuando está viendo un partido de fútbol y ve a un jugador de su equipo que cae golpeado al piso después de una patada que le da el oponente. Usted siente la patada, la injusticia, la rabia como si fuera el propio jugador, son sus neuronas espejo las que le permiten empatizar.

En una investigación, se realizaron resonancias cerebrales a un grupo de personas que tenían unos lentes en donde podían observar un video. En el video se podía ver a una persona tomando un líquido bajo 3 condiciones diferentes. En la primera, la persona tomaba el líquido y hacía un gesto neutro, en la segunda,  hacía un gesto de agrado y en la tercera, hacía un gesto de desagrado.  Cuando la persona, a quien se le hacía la resonancia cerebral, veía el video de desagrado, su propia ínsula anterior, la zona del cerebro que se activa con el desagrado, se activaba. Se han hecho varios estudios similares donde se comprueba que las neuronas espejo nos permiten empatizar y comprender las emociones de los demás.

Y, ¿qué pasa con las personas que no tienen buena empatía? ¿Les falta neuronas espejo? No necesariamente. Si bien existe una relación entre la empatía y la activación de las neuronas espejo en el cerebro, existen otros factores a tomar en cuenta. Por ejemplo, exploremos el caso de Ignacio. Ignacio es un empresario que de niño fue abusado por su padre y cuya madre no le demostró su cariño. Ignacio creció con tanto dolor, que la única forma que tuvo de subsistir, fue enterrarlo. Ignacio creó un caparazón de ego que cubrió su dolor y le permitió desenvolverse y crecer.

Ignacio se distanció de sus emociones para evitar sentir tanto sufrimiento. Ya en la empresa, Ignacio es muy buen estratega, inteligente, está orientado al logro, pero tiene muy baja empatía. Ignacio tiene neuronas espejo, pero mi hipótesis es que como está tan desconectado de sus propias emociones, le resulta imposible percibir las emociones de los demás.

Como es el caso de muchos “Ignacios” que he tenido la oportunidad de ayudar, después de una terapia donde se ponen en contacto con sus más profundos dolores y miedos, ellos pueden recobrar su empatía.

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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