Enrique siempre fue un buen alumno en el colegio. Era sin duda el más estudioso de la clase. Había ganado varias veces el premio al mejor estudiante, pero para sus padres, no era suficiente. Cuando llegaba a la casa con una nota de 19/20, su padre, que era exigente, disciplinado y distante le decía: “Tú puedes dar más, yo espero de ti un 20.” Cuando efectivamente venía a la casa con un examen con nota 20, su padre le decía, que eso no era suficiente, que él debería tener todos sus cursos con la máxima nota.

Ninguno de sus padres le dio amor incondicional, nunca lo aceptaron como era. Sus padres, pensando que esta era la mejor forma de educarlo, siempre le exigieron más y más.

Pasaron los años y Enrique se había convertido en un ejecutivo exitoso en la empresa. Con una excelente maestría había ascendido en las jerarquías. Era una persona muy exigente con él mismo, muy profesional, muy responsable, creativo, organizado, inteligente, tenía todos los talentos. Sin embargo, Enrique era muy inseguro, necesitaba todo el tiempo que lo estén reconociendo. Era muy controlador, es así que vigilaba hasta el más mínimo detalle porque quería que todo fuera perfecto. No importaba qué logro consiguiera él mismo o sus colaboradores, nunca era suficiente, tenían que ser mejores. Enrique era muy territorial, no le gustaba que se metan en su área funcional y la defendía con “garras”.

Llegó el momento en que la empresa necesitaba hacer un ascenso y Enrique era un candidato junto con otras personas. Al momento de evaluar, todos coincidieron en que Enrique era muy valioso, muy profesional, que hubiera sido el candidato ideal pero que sus problemas de inseguridad lo descartaban para ascender en ese momento.

Esta triste historia se repite y se repite con casos similares en las empresas.

 

Ejecutivos que tienen extraordinarias formaciones académicas, maestrías en universidades americanas y cursos de actualización increíbles, ven truncadas sus aspiraciones por temas que nunca han trabajado, su mente inconsciente.

 

Según mi experiencia, lo que descarrila a ejecutivos ascendiendo en organizaciones, es su falta de “limpieza emocional”.

En el caso de Enrique, sus padres le enseñaron que nada era suficiente para obtener su cariño. Lo convirtieron en un perfeccionista, con falta de confianza en sí mismo, que en el fondo sentía que no valía porque no le dieron el suficiente cariño incondicional. Ahora, Enrique lleva estos dolores emocionales en su inconsciente y se manifiestan en su vida profesional, limitando su desarrollo.

Nadie nos enseña a ser padres, y tenemos en nuestras manos la enorme responsabilidad de la felicidad y el futuro profesional de nuestros hijos.

 

Si usted lee este artículo y tiene hijos pequeños, comprenda que una niñez donde exista amor, compresión, aceptación, cariño y tolerancia es indispensable para el éxito futuro de sus hijos.

 

Si usted ya creció y siente que este artículo lo identifica, no pierda tiempo e inicie alguna terapia para tomar conciencia de lo que carga en su inconsciente. Terapias como el psicoanálisis o terapias alternativas como renacer ayudan en este propósito. Uno puede tener una maestría en Harvard, pero sus problemas emocionales pueden limitar su crecimiento. He sido testigo como ejecutivos con preparación en postgrados en las mejores universidades han sido despedidos por problemas emocionales.

 

Muchos de los sentimientos que tuvimos en nuestra niñez, terminan almacenándose en nuestro inconsciente. Luego se convierten en “maletas” pesadas que cargamos cuando vamos a trabajar diariamente.

 

El día que exista un ascenso y tengamos que subir la escalera de la compañía con estas “maletas”, quizás nos sea imposible y perdamos la oportunidad.

 

Por David Fischman

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                      

Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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