Durante su primer año en la empresa, Enrique cumplió sus metas y objetivos de forma adecuada, pero últimamente ha empezado a fallar. Entrega tarde las cosas, olvida citas importantes y comete errores en sus trabajos. Para complicar las cosas, en la oficina tiene un exceso de trabajo que le genera estrés y necesita que su personal le funcione. Usted ha hablado con él enérgicamente, diciéndole que no está contento con su trabajo y pidiéndole que haga esfuerzos para mejorar, pero sigue cometiendo cada vez más errores. ¿Qué hace?

Una posibilidad es usar los problemas de Enrique como alimento para nuestro ego y beneficio. Por ejemplo, comentar cómo la “bestia” de Enrique comete errores tan elementales, o hacerlo sentir mal cada vez que se equivoca, subirle la voz y ridiculizarlo, o quizás mostrarle sarcásticamente cómo uno sabe hacer las cosas y él no. En otras palabras inflar nuestro ego para disminuirlo a él. 

Lo trágico de esta alternativa es que dibujamos una visión o imagen negativa del subordinado. Pensamos que “es un inútil” y asumimos que todo lo hará mal. Esperamos sus ideas y acciones para encontrar algo malo. Nuestra actitud influencia negativamente su autoestima, reforzando un ciclo destructivo que termina por cumplir nuestra visión.

Algunos jefes caen en este juego porque reviven su pasado. Posiblemente, sus padres hicieron lo mismo con ellos: los maltrataron y encontraron sus errores de forma destructiva. Para estos jefes, esas conductas son normales. Así fueron tratados siempre y es la forma que aprendieron a relacionarse. Al convertirse ellos en los “padres” que maltratan, obtienen el beneficio subconsciente de tener mentalmente cerca a sus padres.

Pero, ¿es este el objetivo de un jefe o un gerente, maltratar a nuestros subordinados para obtener beneficios? Si usted ha logrado ser gerente, tiene el privilegio de poder ayudar a muchas personas.

 

No se forme ideas preconcebidas sobre un subordinado, ni lo encasille en adjetivos negativos. Él podría estar pasando un momento difícil.

 

¿Por qué no preguntarle si tiene algún problema o en qué lo puede ayudar? Es cierto que la presión de la competencia y la orientación a resultados nos hace personas más racionales e impersonales. Pero, cuando la muerte esté cerca, recordará con más felicidad a las personas que ayudó con amor y no las metas y presupuestos que logró.

No pretendo decir que hay que ser tolerantes con la mediocridad. A las personas hay que darles verdaderas oportunidades con empatía y apoyarlas a salir adelante. Pero si la persona no reacciona, y actúa de forma irresponsable, ayudar también significa ser duro y hasta hacer despidos. La vida es una escuela, algunos nunca desaprueban las materias, otros necesitan reprobar el curso para recién aprender la lección y tomársela en serio.

Cuentan que un escorpión que quería cruzar un río le pidió a una rana que la lleve en su espalda. La rana le dijo: “¿Estás loco? Tú eres un asesino, picas a quien se cruce por tu camino”. El escorpión le respondió: “Ranita, ¿Cómo te voy a picar? Sería cometer un suicidio. Si te pico, yo me hundo contigo”. La rana aceptó. Pero cuando cruzaba el río sintió un hincón fuerte. La rana le gritó: “Escorpión, ¿por qué me has picado?”. “Lo siento ranita, es mi naturaleza”, respondió el escorpión mientras se hundían.

Cuántas veces he escuchado a gerentes decir: “Yo trato así a la gente. Es mi forma de ser y no puedo a cambiar”. El mensaje para ellos es que recuerden la historia del escorpión. Que, cuando “piquen” a su subordinado, no sólo lo hundirán, sino que también se hundirán ellos mismos.

 

 

Por David Fischman

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                      

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, capital humano, liderazgo. 

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