Como menciona Osho, el coraje es la capacidad de anteponernos al miedo para seguir adelante. Cuando pensamos en coraje, quizás nos imaginamos enfrentando situaciones riesgosas como lanzarnos al agua desde un trampolín elevado, o caminar al borde de un precipicio. Pero:

 

El coraje se aplica no solo a situaciones que ponen en riesgo nuestra integridad física, sino sobre todo a aquellas situaciones que ponen en riesgo nuestra integridad emocional.

 

 

Liderazgo no es solo influenciar personas hacia una meta compartida. Se requiere que las metas representen un cambio o innovación. Para cambiar, para enfrentar lo desconocido se requiere de mucho coraje. En estas aventuras de liderazgo, lo que está en riesgo es nuestra integridad emocional. ¿Qué pasa si fracasamos o si no logramos los resultados? ¿Qué dirán los demás? Los costos emocionales pueden ser altos, pero el líder está dispuesto a manejar sus miedos y enfrentar las consecuencias de sus actos con valentía.

Necesitamos coraje cuando hacemos una presentación por primera vez frente a muchas personas.

 

El miedo a hablar en público es el más común después del miedo a la muerte.

 

Hablar en público, para algunos, es someterse al juicio de la audiencia. ¿Gustará mi mensaje? ¿Los aburriré? Nos enfrentamos al miedo de no ser competentes, aceptados y queridos.

En una investigación, el Dr. Salomón Asch retiró a un alumno de la clase y acordó con el resto de alumnos que debían dar todos una determinada respuesta, la cual era incorrecta, a una pregunta que él haría. El ejercicio se repitió en distintas secciones, siempre sacando a un alumno de la sección. El 80% de los alumnos que no sabían del acuerdo previo, dio la respuesta incorrecta aún sabiendo cuál era la acertada. Ellos cedieron a la presión social de los demás alumnos. Se requiere coraje para discrepar, pero solo discrepando conseguimos mejores soluciones a los problemas.

Necesitamos coraje cuando hacemos que nuestros actos sean consecuentes con nuestros valores a pesar de que podemos perder beneficios inmediatos o tener consecuencias negativas. Esto pasa, por ejemplo cuando rechazamos el pago de una coima para cerrar una transacción importante o cuando cuestionamos a nuestro jefe si nos pide hacer algo que no consideramos correcto. Vivir una vida basada en valores requiere de mucho coraje.

 

Para tener mayor coraje debemos dejar de pensar en nuestros miedos y pensar cómo nuestros actos pueden ayudar a terceros.

 

En lugar de pensar si me aceptarán si opino de forma diferente, pensar cómo puedo ayudar a que mi equipo tome una mejor decisión. En lugar de pensar en lo que perderemos si actuamos sobre la base de nuestros valores, pensemos en qué medida podemos inspirar a otros a actuar de la misma manera.

Esta cita anónima resume la esencia del coraje: “Reírse es arriesgarse a ser percibido como tonto. Derramar una lágrima es arriesgarse a ser percibido como sentimental. Pedir ayuda es arriesgarse ser rechazado. Amar es arriesgarse no ser amado. Vivir es arriesgarse a la posibilidad morir. Pero los riesgos deben tomarse, porque el peor riesgo de todos es no arriesgar nada. La persona que no arriesga nada, no hace nada, no tiene nada, es nada. Aquel que evita el sufrimiento y el dolor a toda costa, simplemente no puede aprender, sentir, cambiar, crecer o amar. Esta persona está encadenada por sus creencias, es un esclavo y ha renunciado a su libertad. Solo aquella persona que arriesga es libre.” 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, capital humano, liderazgo. 

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