Jimena está muy nerviosa, no ha podido dormir. Su jefe le ha dicho que va a tener una reunión para revisar su evaluación de desempeño. 

Sebastián se acaba de enterar que lo han sacado del equipo multifuncional de servicio al cliente. El sabía que eventualmente tenía que salir porque estaba sobrecargado de trabajo, pero le molesta haber salido. 

Durante la presentación de Enrique a las personas de su área, un miembro del equipo le indicó que había cometido un error en uno de sus cálculos. Enrique aceptó su error, pero le molestó y le frustró tremendamente que se lo hagan notar.

En todos los casos anteriores, existe un proceso inconsciente que nos genera emociones negativas, la necesidad humana de buscar, mantener o incrementar nuestro estatus en la sociedad. Según el investigador David Rock, desde la época de las cavernas, cuando andábamos en clanes, la necesidad de mantener o incrementar el estatus era tan importante como la necesidad de alimentarnos.  Hoy, con el avance de las investigaciones neuronales, está totalmente demostrado que:

 

cuando sentimos que nuestro estatus crece o disminuye, se altera el nivel de neurotransmisores en nuestro cerebro.

 

Por ejemplo, cuando la sensación de estatus sube, aumentan la dopamina y la serotonina, neurotransmisores relacionados al placer y emociones positivas y bajan los marcadores de cortisol que están relacionados con el estrés. Además, suben los niveles de testosterona que nos mantienen enfocados y nos hacen sentir seguros y fuertes. Cuando la sensación de estatus baja, ocurre un efecto inverso en los neurotransmisores.

En una evaluación de desempeño donde existe la posibilidad de que nuestro jefe nos diga que no hacemos bien algo, el estatus se ve amenazado y se inicia el proceso químico en el cerebro que nos genera emociones negativas. Similarmente, el efecto químico se produce si nos sentimos rechazados o excluidos, no tomados en cuenta, si nos muestran nuestros errores, si nos muestran que son mejores que nosotros y si nos ganan en algo. Por oposición, cuando sentimos que ganamos, que somos mejores que los demás, cuando le mostramos sus errores a los demás, cuando nos sentimos incluidos, cuando ascendemos en la jerarquía empresarial, cuando tenemos beneficios especiales o cuando somos reconocidos o tenemos un éxito público, nuestro estatus sube y tenemos el efecto químico que nos gratifica y nos da placer.

Como mencioné anteriormente, éstos son procesos inconscientes, pero ser consciente de ellos, lo pueden ayudar a ser un mejor jefe y a saber buscar su felicidad personal. Por ejemplo, cuando se encuentre dando retroalimentación en una evaluación de desempeño, hablar de sus propios errores o problemas primero, ayuda al evaluado a sentir un amenaza menor a su estatus.  Por el lado personal, no podemos ir bajando a las personas para sentirnos mejor, o buscando la desgracia ajena para que nuestro estatus se eleve. Tampoco podemos ganar ni ser buenos en todo lo que hacemos. Pero sí podemos especializarnos en un nicho donde seamos muy buenos, donde destaquemos. Esta es la filosofía detrás del movimiento de fortalezas. Uno debe trabajar en sus fortalezas, donde hace la diferencia, donde contribuye al máximo. Uno de los motivos de que nos  sintamos bien es que nuestro estatus se eleva.

La próxima vez que se encuentre discutiendo con un colega o con su pareja recuerde que inconscientemente está buscando aumentar su estatus. Que para usted ganar la discusión no sólo es conseguir que le den la razón, también es mantener o incrementar su estatus. Si se da cuenta de este proceso, tendrá más posibilidades de escuchar a la otra parte y no dejarse llevar por instintos cavernarios inconscientes.

 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, capital humano, liderazgo. 

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