Cuentan que un leñador estaba cortando un árbol con una sierra. Cortaba y cortaba el árbol, pero como la sierra no tenía filo, no avanzaba. Una persona lo vio sudando y le preguntó: ¿Por qué no para y afila su sierra? A lo que el leñador le respondió: “No puedo, no tengo tiempo, tengo muchos árboles que cortar”.

Durante el año, hemos cortado muchos árboles.

 

Es importante darnos un tiempo para parar y afilar nuestra sierra reflexionando sobre lo positivo y negativo del año, sobre lo que aprendimos para luego pensar el próximo año en nuestras metas personales y profesionales.

 

Este artículo le plantea una serie de preguntas para que usted reflexione. 

 

 

En el año que pasó hubo momentos positivos y negativos, altos y bajos, pero ahora solo concéntrese en sus momentos elevados, donde las cosas salieron bien, ya sea a nivel personal, familiar o profesional. Momentos donde se sintió contento, feliz, motivado, vivo o comprometido. Recuerde en su mente estos momentos por unos minutos. ¿Qué fue lo que le dio más felicidad? ¿Qué aprendió de sus momentos elevados? Es importante que tome conciencia para poder repetir este tipo de actividades el siguiente año.

Ahora reflexione sobre sus actos de bondad durante el año, sus actos de ayuda desinteresada, donde trascendió, donde hizo algo por otras personas sin esperar nada a cambio. Si no puede encontrar ninguno en su mente, tome nota para empezar a hacerlo el próximo año. El ser humano tiene la necesidad de trascender, de dejar una huella. Si solo nos concentramos en nuestras metas egoístas, tarde o temprano, tendremos un vacío existencial que nos generará infelicidad. Ayudar a otros es una estrategia que aumenta la felicidad. Si pudo recordar algún acto de bondad, reflexione sobre su acto de servicio y deje que le regrese esa sensación positiva que el cuerpo nos regala cuando ayudamos de forma desinteresada.

Reflexione sobre todo lo que tiene que agradecer con respecto al año que pasó, piense sobre su trabajo, su empresa, la gente que lo ayudó a lograr sus metas. Reflexione sobre sus salud, la salud de su familia y en qué medida se siente agradecido por todo lo bueno que le pasó. Llénese de esa sensación tan maravillosa que es la gratitud y recuerde todos los regalos que recibió el año pasado.

Reflexione sobre sus metas, ¿qué metas se propuso alcanzar y las logró y qué metas no alcanzó y por qué?

Ahora reflexione sobre las cosas que no salieron bien, las cosas en que metió la pata o no salieron como usted esperaba o que usted siente que fracasó. ¿Qué lección aprendió de estos fracasos? ¿Qué tendría que hacer diferente la próxima vez para no fracasar? ¿En qué medida estos fracasos, mirándolos en perspectiva, lo han hecho mejor persona?

Ahora reflexione sobre aquellos momentos que le trajeron dolor o pena, o mucho miedo. Las emociones son como sobres que nos mandan la mente para que los abramos, sintamos y luego leamos el mensaje que nos quieren transmitir. ¿Qué mensajes recibió con estas emociones?, ¿Existe algo que aprender de lo que pasó?

Finalmente, ahora con toda esta información, reflexione sobre el año que se viene. ¿Qué metas personales, familiares, profesionales y empresariales quiere alcanzar?

 

¿Qué tiene que hacer diferente para que este año logre todo lo que se está proponiendo?

 

En base a los momentos elevados y felices del año anterior, ¿qué tiene que hacer este año para crear más momentos elevados? ¿Qué servicio desinteresado se propone hacer este año? ¿Cómo piensa desarrollar su dimensión espiritual?

Las preguntas están planteadas. Ahora las respuestas dependen de usted.

 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, capital humano, liderazgo. 

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