Muchos se preguntan: ¿Cómo Hitler pudo dirigir a millones de personas hacia metas sin principios éticos, basándose en el odio y la ambición? ¿Cómo tantas personas pudieron seguir al reverendo Jim Jones cuando los llevó hacia la meta irracional del suicidio? O sin ir muy lejos, en las empresas, ¿cómo tantos seguidores siguen embelesados a jefes egocéntricos con gran deseo de poder y control? En la historia hemos visto en muchas oportunidades lo que el investigador Micha Popper llama “Líderes hipnóticos”.

Según Popper, el fenómeno del liderazgo hipnótico se explica en la poderosa combinación de un tipo especial de líderes con un tipo especial de seguidores. Estos “líderes” son personas que generalmente tuvieron carencias de cariño en la niñez porque algún padre estuvo ausente. En un estudio realizado en Inglaterra, se identificó que el 66% de sus primeros ministros perdió a su padre en la niñez, versus el 2% que es el indicador de la población en general. Según el investigador Zalesnick, cuando un niño pierde a su padre o cuando éste se encuentra ausente, vive una fuerte ansiedad y falta de control. Como mecanismo compensatorio, al crecer, la persona puede tener la necesidad de ejercer el control y el poder, convirtiéndose en un líder hipnótico. Por otro lado, todo niño pasa por una etapa saludable de narcisismo en la que requiere que sus padres le demuestren adoración. Ante una carencia de cariño en esta etapa, el niño no resuelve su narcisismo y puede terminar adorándose a si mismo, convirtiéndose en un narcisista.
 
Pero no todo depende de los líderes, finalmente son sus seguidores quienes constituyen su fuente de poder. Los seguidores que encajan bien con líderes hipnóticos, proyectan en la figura del líder a su padre ideal. El líder se convierte en una pantalla y los seguidores proyectan en ellos la autoridad que añoraron en la niñez, al salvador, al padre perfecto que hubieran querido tener. El líder es como la semilla que se siembra y los seguidores son el terreno fértil donde la semilla puede germinar y crecer. Según Popper, los seguidores están más listos a seguir a los líderes hipnóticos en situaciones de crisis. De acuerdo a sus investigaciones, la mayoría de dictadores asumió el poder en una época de crisis nacional.
 
En el mundo empresarial, también hay “líderes” hipnóticos, que encandilan y que están obsesionados por el poder y el deseo de admiración. Personas que han escondido su dolor infantil detrás de una máscara  ficticia de dureza, determinación y seguridad. En mi experiencia, este tipo de “líderes” son un dilema empresarial. Por un lado, son apasionados, tienen don de mando, muchos conocimientos y experiencias. Además, son personas que trabajan duro para ponerle estructura a sus vidas y  compensar así la falta de control en su niñez. Usualmente, logran buenos resultados en el corto y mediano plazo. Pero por otro lado, este tipo de líderes bloquea sus emociones, carece de inteligencia emocional, son malos miembros de equipo y pésimos formadores de una cultura empresarial efectiva. Son la antítesis de lo que las personas saludables esperan de un buen liderazgo. ¿Qué hacer? Despedir a estos “líderes” perjudicaría la rentabilidad de la empresa en el corto o mediano plazo. Mantenerlos generaría conflictos interpersonales y una cultura disfuncional.

Desgraciadamente, al final, este tipo de líder hipnótico daña más a la empresa y es preferible prescindir de sus servicios. Como el cáncer, mientras más rápido se pueda extirpar el tumor que representa este líder, mejor salud tendrá la empresa. Algunos líderes hipnóticos seguro estarán leyendo este artículo y pensarán “que los saquen rápido”, sin reconocer que son ellos los que deben salir.

 

Por David Fischman

 

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                      

Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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