¿Qué pensaría de un agricultor que pone veneno al agua con que riega sus sembríos? Que está loco, ¿verdad? ¿Y qué hacen los ejecutivos de una empresa cuando hablan a espaldas de sus compañeros? Están envenenando la cultura organizacional con desconfianza, desunión y con merma de la productividad.  No tiene sentido, pero es frecuente en las empresas. ¿Por qué?

Imagínese la siguiente situación. El gerente financiero le cuenta lo incapaz que es el gerente de marketing ante una crisis. Se burla, describe sus errores y termina diciendo que no entiende cómo puede haber un gerente tan incompetente. Este gerente financiero no está buscando mejorar la gerencia de la empresa, está tratando de elevar su ego, disminuyendo al gerente de marketing. El deseo de elevar nuestro ego es el causante principal del popular “raje” en las organizaciones. 

La competencia en los mercados se parece al juego de jalar la soga. Cada empresa trata de jalar más fuerte, para ganar a la competencia. Cuando el “raje” se asienta en la cultura empresarial,  se pierde la coordinación. Cada uno jala para un lado diferente, perdiendo ante el adversario. El hábito de hablar a espaldas de las personas crea en la organización bandos “buenos” y “malos”. Se entorpece la comunicación, se crea un clima de desconfianza, miedo y competencia desleal. Este clima hace más burocrática y lenta la toma de decisiones, disminuyendo la capacidad de respuesta ante la competencia. Hoy día tenemos que luchar con nuestros competidores y no contra nuestros compañeros. 

A continuación, algunas sugerencias para evitar este problema:

Instituya la regla de las cartas abiertas: “Nadie dice algo de otra persona si esa persona no lo ha escuchado primero”
Es increíble el tiempo productivo que se gana cuando las personas dejan de conversar a espaldas de sus compañeros. Sin embargo, cuando un colega o subordinado empiece el “raje”, deje que ocurra, no diga nada en ese momento. Recuerde que el ego es el motor del “raje”. Si usted le muestra su error,  es posible que lo niegue y el ego explote en ira. Deje pasar unas horas y hágale presente el incidente. Estará más dispuesto a escuchar y cambiar.

Dé el ejemplo
La regla de las cartas abiertas funcionará sólo si usted da el ejemplo primero. Esto no es fácil.  En el oriente, los yoguis tienen la costumbre de enrollar su lengua dentro de la boca.  Para hablar tienen que desenrollar primero la lengua, lo que les da tiempo para pensar lo que van a decir. Si usted posee una metralleta, seguramente la tiene con el seguro puesto para que no se escape ninguna bala. Bueno, su boca también puede ser un arma peligrosa. Póngale seguro y piense antes de hablar.

Cuentan que un maestro oriental  estaba en la casa de una familia recitando una oración a un niño enfermo. Un amigo de la familia que observaba, se le acercó al final de su oración y le dijo: “Dígales la verdad, unas palabras no van a curar a este niño, no los engañe”. El maestro se volvió, lo insultó y gritando le contestó que no se metiera en el asunto. Al recibir este maltrato verbal, el amigo se sorprendió muchísimo, pues los maestros orientales nunca se alteran. Después, se sonrojó, se alteró y empezó a sudar profundamente. Entonces, el maestro lo miró con amor y le dijo: “Si unas palabras te ponen rojo, te alteran y te hacen sudar, ¿por qué no pueden tener el poder de curar?”

Usemos el poder de nuestras palabras en la empresa para construir y no para destruir. Esta actitud no sólo beneficiará el clima organizacional sino que también incrementará la paz y tranquilidad en nosotros mismos.

 

“Usemos el poder de nuestras palabras en la empresa para construir y no para destruir”

 

► Conocer Effectus Fischman, consultora de David Fischman

 

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