Un trabajador de un tren de vagones frigoríficos, quedó atrapado en uno de éstos. Pasó la noche gritando en vano para que le abran, tratando de abrigarse con lo que podía, pero la percepción de frío era extrema. Al día siguiente lo encontraron muerto en posición de congelamiento. Curiosamente, el vagón frigorífico estaba desconectado, y no enfriaba. En este caso real, el trabajador creía fervientemente que el vagón lo congelaría y percibió frío donde no había. Su creencia lo mató pues no existía ninguna causa real en el entorno.

De manera similar, en nuestras vidas algunas de nuestras creencias pueden ser nuestro peor enemigo. Quizás no nos maten, pero nos limitan en muchos aspectos. Existen muchas fuentes de creencias limitantes, pero la fuente por excelencia es lo que percibimos de nuestra familia durante la niñez. Por ejemplo, algunas creencias podrían ser: “Si no soy competente, no seré querido”. “Si no obedezco en silencio, tendré severas consecuencias”. “Las mujeres deben ser buenas amas de casa”, “Si lloro, soy débil”. “Si me equivoco, seré un fracasado”, etc. Estas creencias se instalan en nuestra mente inconsciente como producto de nuestras experiencias y rigen nuestra forma de actuar. Por ejemplo, si cuando sacábamos malas notas, nuestros padres nos hacían comentarios críticos o hirientes, seguramente conectamos en nuestra mente la falta de competencia y la falta de amor. 

Aquellas personas testarudas, que difícilmente admiten sus errores, probablemente tengan la creencia “Si me equivoco, seré un fracasado”. Para ellos equivocarse significa mucho más que errar, significa una amenaza de ser ridiculizado, de ser catalogado como fracasado. Probablemente esta persona perderá valiosas oportunidades, y evitará riesgos o retos por temor a equivocarse.
    
Las creencias limitantes construyen murallas imaginarias, inconcientes, alrededor nuestro e impiden nuestro desarrollo. Para detectar sus creencias imaginarias, piense en un proyecto truncado, alguna idea que siempre quiso implementar y que por diversos motivos aún no ha podido cumplir. ¿Qué lo impide? ¿Qué obstáculos ha tenido?  O piense en algo que quiere hacer, pero teme hacer. ¿Qué lo impide? ¿A qué le teme?  En las respuestas están escondidas sus creencias limitantes. 

Quizás algunas creencias sean ciertas. Por ejemplo, algunas personas no expresan sus opiniones a su jefe por temor. Su creencia sería “Si le digo a mi jefe lo que pienso me despedirá” y existe la posibilidad de que sea cierta. Quizás el jefe ha despedido a otras personas por decirle lo que piensan. En ese caso, debemos ir despacio y examinar en qué medida nuestra creencia puede tener un asidero en la realidad. Pero la mayoría de veces, nuestras creencias limitantes, quizás fueron realidad en el pasado, pero actualmente son solo realidad en nuestras mentes.

Según Sonia Sinisterra, experta en coaching, para neutralizar nuestras creencias limitantes, primero debemos identificarlas para luego entender el regalo que nos traen. Aunque parezca paradójico, las creencias que nos perjudican, también nos traen un regalo, un mensaje que busca protegernos. Por ejemplo, la creencia “Si no soy competente no seré querido” intenta protegernos de emociones negativas y nos impulsa a buscar ser competentes. Es decir, la creencia está instalada para protegernos de posibles agresiones de nuestros padres en este caso. Pero una vez que entendemos cómo se formó, y nos damos cuenta de que la creencia ya no tiene que protegernos de nuestro entorno familiar, empezamos a romper  su poder en nosotros.

Evalúe el regalo que le traen sus creencias y si tienen sentido en su realidad actual. Si no es así, intente salir de su zona de confort y rete su creencia limitante. Si lo hace, se dará cuenta de que su esclavitud anterior radicaba solo en su mente y podrá disfrutar su libertad. 

 

Por David Fischman

 

 

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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