En un estudio sobre felicidad, evaluaron a un grupo de alumnos de una universidad. Luego los siguieron por 16 años, para ver su desempeño en el trabajo y la vida. Aquellos que 16 años atrás eran más felices, tenían muchos mejores ingresos económicos que aquellos que no lo eran.

La felicidad personal era la variable que mejor predecía el ingreso económico en el futuro. Ser feliz es rentable.

 

Pero no sólo en ingresos económicos, pues se han hecho decenas de estudios que demuestran que las personas felices son más saludables, son más longevas y su desempeño laboral es mejor evaluado por sus jefes. 
 
La felicidad se define como el sentimiento que se deriva de tener emociones positivas y de sentir que estamos satisfechos con nuestra vida. ¿De quién depende ser feliz? Una parte, de la “suerte”. Se calcula que el 50% de la felicidad es genética. Es decir, hay personas que tienen la “suerte” de ganarse la lotería genética y venir al mundo con mucha felicidad. Un 10% depende de las circunstancias, tales como el tipo de trabajo, matrimonio, niñez, entre otros. Pero la buena noticia es que el 40% depende de nosotros, de nuestra voluntad de ser felices.
 
Está en nuestra voluntad el decidir ser felices a pesar de las circunstancias:
 
Cuando nos enfrentamos a situaciones negativas, como problemas o sucesos negativos inesperados. Tenemos derecho a ser humanos y sentir la emoción negativa de decepción, miedo, angustia o rabia cuando las cosas no salen como queremos. Pero es nuestra voluntad, superar el negativismo, aprender de la experiencia y elevarnos hacia una perspectiva positiva.
 
Cuando alguien nos hiere y hace daño. Después de nuestro duelo natural, de nosotros depende perdonar y dejar ir el dolor para ser más felices.
 
Cuando en el trabajo nos sentimos estresados por una meta que nos cuesta alcanzar. Debemos aprender a reírnos de nosotros mismos y tomar la vida con más humor. Debemos entender que la felicidad no se encuentra en las metas sino en el camino hacia ellas. 
 
Cuando sentimos desbalances, que no vemos lo suficiente a nuestras familias, que trabajamos demasiado. De nosotros depende el balance, el invertir tiempo con las personas que queremos. El amar y ser amados es una de las mayores fuentes de felicidad.
 
Cuando sentimos nuestra vida vacía, intrascendente. De nosotros depende encontrar nuestro propósito, orientar nuestra vida hacia mayor trascendencia y dejar una huella. De nosotros depende encontrar la espiritualidad en la vida, conectarnos con lo divino, lo cual trae emociones altamente positivas.
 
Cuando sentimos que nuestro trabajo es aburrido y desmotivador. De nosotros depende movernos, reubicarnos en un trabajo donde podamos aplicar nuestros talentos y fortalezas.
 
Cuando nos sentimos mal por todo lo que no tenemos, por todo lo que nos falta, por todo lo que no alcanzamos aún. De nosotros depende sentirnos agradecidos por todas las bendiciones que sí tenemos, por nuestra salud, por nuestra familia y por todos los regalos que la vida nos ha dado. La gratitud es un sentimiento que trae mucha felicidad. 

Cuentan que había una persona que estaba durmiendo en un tren junto a otras personas. En medio de la noche empezó a gritar: “Tengo sed, tengo sed, tengo sed”. Una de las personas que estaba a su costado, le llevó un vaso con agua. Luego de unos minutos, la persona empezó a gritar: “Tenía sed, tenía sed, tenía sed”.
 
La persona en la historia tomaba sus problemas con una actitud de víctima. No haga lo mismo con su felicidad.

Recuerde que el 40% de la felicidad depende de que nosotros la busquemos activamente.

¡Empecemos ahora!

 

Por David Fischman

 

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Etiquetas: coaching, recursos humanos, liderazgo, cultura organizacional. 

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