A estas alturas lo más probable es que su organización ya tenga una Visión colgada en las paredes o impresa en tarjetas. Estoy seguro de que si le preguntamos a un ejecutivo al azar, ¿es importante la Visión? Lo más probable es que responda tajantemente: “Sí lo es”. Pero si luego le preguntamos; entonces, ¿cuál la Visión de su organización? Es poco probable que el ejecutivo sepa la respuesta. 

La Visión es más usada para el marketing que como estrategia competitiva y de liderazgo. Se muestra en las presentaciones corporativas, pero los empleados no la tienen internalizada. Es como adquirir un sofisticado equipo para hacer ejercicios en la casa para mostrarles orgullosos a nuestros amigos lo deportistas que somos, pero jamás usarlo. Sin embargo, la Visión adecuadamente empleada puede mejorar la organización.

Los principales motivos para tener una Visión internalizada por toda la empresa son:

La Visión establece una dirección y alinea los esfuerzos de las personas.

Imagínese perdido en medio del desierto, sabiéndose cerca al mar, anhelando llegar, pero sin saber qué dirección tomar. Camina errante, ninguna dirección le convence y no sabe qué hacer. Se frustra y angustia, el calor y la sed lo agotan, hasta que ve una loma. Sube y logra divisar, finalmente, el mar. Ahora sabe la dirección a tomar. Lo mismo le ocurre a muchos ejecutivos en la empresa. Están en medio del desierto de los mercados, angustiados por crisis y problemas sin saber hacia dónde encaminar sus esfuerzos. La ventaja de una visión es que los saca del trabajo del día a día y los sube a una loma para que vean la dirección a seguir. Se evita la perdida de tiempos en recorrer territorios que no lleven a la Visión y orienta a los ejecutivos a desarrollar actividades que aporten valor a la organización. Es usual ver a compañías, sin una Visión bien enfocada, iniciar negocios que no hacen sinergias y que ocasionan huecos financieros que drenan recursos.

La Visión motiva e inspira a nuestros ejecutivos. 

Lo que verdaderamente motiva al ser humano es dejar una huella, trascender, contribuir. Una buena visión contiene ideales a los cuales aspirar y tiene un carácter trascendente, contribuyendo a lograr una causa importante. Por ejemplo, las empresas farmacéuticas incorporan temas como “Mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes”. Pero el motivador de la trascendencia se percibe rara vez en el día a día en la empresa. Los ejecutivos están estresados por la competencia, por cumplir sus metas, por bajar los costos.

 

La ventaja de una Visión compartida es que hace más presente el motivador de la trascendencia, haciéndole recordar a los ejecutivos el verdadero motivo de darse 100% al trabajo. 

 

Un perro que nadaba en un río, vio en una de las riberas a una familia haciendo picnic y empezó a nadar hacia esa dirección. Luego vio en la otra ribera a unos monjes almorzando y pensó que podría haber más comida y regresó. Pero miró nuevamente a la familia del picnic. Habían dejado huesos apetitosos en el suelo, y entonces cambió nuevamente de dirección. Cuando ya había avanzado un buen tramo, escuchó que los monjes lo llamaban para darle los huesos y, nuevamente, cambió de dirección. Esta vez, sus fuerzas no lo ayudaron y se ahogó.

Cuando no tenemos una idea clara de adónde queremos ir, nos puede ocurrir lo del perro en la historia. Todos los caminos nos parecen adecuados, agotamos nuestras energías y no llegamos a ningún lado. Desarrolle una Visión para su organización, compártala y, verdaderamente, comprométase con ella. De esta forma se asegurará de que en toda su empresa naden motivados y en la dirección correcta.

 

Por David Fischman

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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