En 1993, ochenta y cinco personas murieron en Waco, Texas, guiadas por el líder religioso David Koresh. Algunos murieron consumidos por un incendio y otros fueron asesinados antes de éste. Koresh  eliminó los matrimonios en su secta e hizo a todas las mujeres sus esposas para obtener favores sexuales. Podríamos preguntarnos: ¿Cómo pudo un hombre seducir a ochenta y cinco personas para llevarlas a su propia muerte? La respuesta está relacionada al concepto de carisma.

Según Max Weber, carisma es una palabra de origen griego que significa: “Regalo inspirado en lo divino”. Quizás esta definición explique lo ocurrido en Waco, donde los seguidores endiosaban a su líder. Pero el carisma no siempre produce resultados negativos.

 

Gandhi, Luther King y Mandela son líderes que utilizaron su carisma hacia causas del bien común. 

 

En las empresas también existen líderes carismáticos que magnetizan a sus seguidores, pero los llevan hacia la negatividad y la discordia. Hay otros, en cambio, que usan su carisma para desarrollar a sus subordinados y a la organización.  

El carisma es un instrumento que en sí mismo no es ni bueno ni malo. El resultado de su uso dependerá de los valores, necesidades e intenciones del líder. Es como un cuchillo que se puede usar para causas positivas como comer, o para causas negativas como secuestrar aviones. House y Howell identificaron el carisma, que produce resultados negativos, como consecuencia de un deseo de poder egoísta de los líderes. Ellos usan su carisma para dominar, manipular y someter a los subordinados. Aparentan hacer el bien a terceros, pero en realidad sólo les interesa su beneficio. 

De otro lado, se encontró que aquellos líderes que usan su carisma en forma positiva también tienen un deseo de poder, pero de un poder “social”. Es decir, un poder orientado hacia producir verdaderos cambios positivos en los subordinados y la empresa. 

Pero, ¿qué le otorga a una persona el carisma? Existen varias teorías. Según Conger y Kanungo, el carisma es una consecuencia de los atributos del líder: tiene una visión inspiradora que rompe el statu quo; es innovador y poco convencional; asume riesgos; tiene seguridad en sí mismo; es entusiasta, apasionado y buen comunicador, entre otros. Otros investigadores como House mencionan que también depende de los seguidores. Yo puedo tener un líder “imán” de mucha potencia magnética, pero si le coloco al frente subordinados “trozos de madera” jamás los atraerá.

 

Si el subordinado no se identifica con la visión y los valores que propone el líder, no se desarrollará la magia magnética del carisma. 

 

¿Es indispensable el carisma para liderar?  Según Collins y Porras, autores del best seller Built To Last, no es indispensable. Estos investigadores estudiaron un conjunto de empresas que en sus campos tuvieron los mejores rendimientos en la bolsa, tales como 3M, P&G, Sony y Boeing, entre otras, y encontraron que la mayoría de sus líderes no tenían el perfil del líder carismático. Mas bien, el carisma podría constituir un peligro para la organización, dependiendo de la actitud de los seguidores.

Cuentan que un discípulo que idolatraba a un maestro le preguntó hipnotizado: “Maestro, ¿para qué has venido al mundo?”. El maestro respondió: “Para enseñarle a idiotas como tú que no deben idolatrar a sus maestros”. Cuando el carisma es muy intenso, se puede caer en el peligro de idealizar al líder y aceptar totalmente sus ideas sin cuestionarlas, aunque algunas estén totalmente equivocadas. Si usted es dirigido por un líder carismático, tome la responsabilidad de reflexionar críticamente sobre las propuestas de su jefe. No sólo le estará haciendo un favor, sino estará ayudándose a usted mismo y a la organización.

 

 

Por David Fischman

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Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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