Estaban todos en la reunión anual de la empresa, esperando ansiosos el discurso del líder de la misma. Todos querían conocer las novedades y prioridades para el año entrante. El líder empezó a mostrar los excelentes resultados económicos. Luego de los aplausos pasó a contar los planes a corto plazo. La gente estaba entusiasmada, se percibía energía en el ambiente. Como “broche de oro” el líder elogió al personal de su empresa, explicó que para él su gente era lo más importante y que se sentía orgulloso de que su empresa hiciera la diferencia con sus clientes, ya que la calidad era lo más importante. En esos momentos, la energía paró en seco. Hubo unos segundos de silencio en la audiencia, seguido de una serie de aplausos de compromiso. 

Yo asistía como consultor a esta reunión y no tenía idea lo que pasaba. Pregunté a las personas a mi costado ¿Qué ha pasado? ¿Por qué el cambio de vibra? Sarcásticamente me respondieron: “¡Lo más importante son las personas!” “Eso ni él se lo cree, acá la calidad no tiene ningún valor, no les interesa, finalmente nadie le cree que está orgulloso de hacer la diferencia con sus clientes, solo está orgulloso de las utilidades, es todo lo que le importa.” 

Escenas como ésta ocurren frecuentemente en las empresas. Los líderes son bombardeados por las miradas y oídos de sus seguidores, similarmente a como en algunas oportunidades los árboles son bombardeados por los vientos huracanados. Si lo árboles no tienen buenas raíces salen volando por los vientos.

 

De la misma forma, los líderes que no tienen buenas raíces de integridad, hacen volar rápidamente la confianza de sus seguidores.

 

Cuando escribimos un texto en Word, el corrector de ortografía automáticamente resalta aquellas palabras que no coinciden con su diccionario. Cuando el líder habla, los subordinados automáticamente resaltan aquellos contenidos que no concuerdan con la realidad. Cuando el líder no actúa con integridad genera una profunda desmotivación en su personal. Esta desmotivación no solo proviene de la confianza traicionada de los seguidores, para algunos también proviene de las proyecciones psicológicas que hacemos. Es muy fácil proyectar en el líder de la empresa, la figura paterna o materna de autoridad. Algunos tienen la tendencia de buscar en el líder al padre o madre ideal que aspiraban tener. Cuando toman conciencia de que el líder no coincide con esa imagen idealizada, la sensación que sienten es de un profundo dolor y decepción. Es como si nuestro padre nos hubiese traicionado.

Es muy fácil caer en el negativismo y tratar de culpar al líder de todos los problemas de la empresa. Sin embargo, eso solo agrava los problemas. De nada sirve conversar en los corredores de la empresa sobre la falta de integridad del líder, sobre los problemas de la organización. Por el contrario, mi consejo sería que busque reflejar en su área de influencia, los valores que usted quisiera que el líder tenga.

 

Sea un ejemplo de aquello que quiere cambiar. 

 

En un estudio sobre liderazgo a 20 mil personas, la integridad salió por lejos como el rasgo más importante que debe tener un líder. Si usted lidera una organización o un área, tenga mucho cuidado que lo dice coincida con lo que hace. Si usted promueve un valor o una estrategia, asegúrese de cumplirla y de comunicar a su organización aquellos esfuerzos que hace para alcanzarla. 

Volviendo a la historia inicial, es posible que el líder valore la calidad y valore al personal, pero quizás nadie sabe lo que hace al respecto.

 

Recuerde que la integridad, además de ejercerla, debe ser percibida por los constituyentes. 

 

Por David Fischman

 

 

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                                         

Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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