Según la mitología griega, una ninfa enamorada de Narciso se suicidó cuando éste la rechazó. Los dioses, entonces, lo castigaron enamorándolo de su propia imagen. Cuando Narciso vio su reflejo en una fuente, se enamoró apasionadamente y permaneció en la fuente hasta su muerte. Esta historia refleja el problema del narcisista: está enamorado de una imagen, de un reflejo, pero no de una realidad.

El narcisista construye una idea de sí mismo, bella, inflada y superior, con la que intenta compensar la triste realidad de su verdadero ser, que no desea descubrir.

 

Según las investigaciones, las personas narcisistas tienen problemas de niñez, originadas por la falta de cariño de sus padres, por su ausencia, maltrato o humillación. Es tan dolorosa su realidad que, para sobrevivir, cortan contacto con ella.

 

Se dedican a estimular sus pensamientos, su racionalidad y crean una imagen de sí mismos desintegrada de su realidad. A través de su imagen inflada o de su ego compensan su sensación de inferioridad, dolor y sufrimiento. De adultos, el ego está tan desarrollado y arraigado en sus conductas, que no son conscientes de cómo actúa en ellos. Destinan sus energías a inflar el ego, en lugar de ponerse en contacto con su verdadero ser y arreglar su problema emocional. 

Es como una persona flaca y débil con un disfraz inflable de Hércules que lo duplica en tamaño. Vive inflando el disfraz para proyectar una imagen que quiere creer que tiene, en lugar de dedicarse a fortalecerse. Como el disfraz tiene hueco, nunca termina de inflarlo.

Dean Mcfarlin y Paul Sweeney investigaron las conductas típicas de los líderes narcisistas en la empresa. Las más importantes fueron:

  • Rabietas exageradas. Los líderes narcisistas tienen bloqueadas sus emociones como un volcán inactivo que puede erupcionar en cualquier momento, inundando de lava y odio a quienes lo rodean. Las emociones del ser humano necesitan manifestarse y lo harán en el momento más inesperado. Por ello, los líderes narcisistas son impredecibles y generan estrés a los subordinados. No sabemos cuándo estallarán o darán una palmada de aliento. La rabieta no solo le sirve para expresar su bloqueo emocional, además humilla, maltrata y disminuye a las personas para reafirmar su superioridad. Además, al hacerlo proyecta en el subordinado sus propios lados débiles que tanto repugna y no quiere ver.

 

  • Pésimas prácticas administrativas. Como quiere impresionar a todos por su gran capacidad, abarca más proyectos de los que pueden manejar responsablemente. Sus sueños de grandeza le hacen tomar decisiones para su beneficio y no necesariamente para el de la empresa. Embarca a sus ejecutivos en visiones inalcanzables. Realiza poco control y seguimiento porque se siente que todo lo sabe. Cuando existe un problema serio en su empresa o entorno, lo minimiza y no actúa por sentirse invencible. No escucha sugerencias de mejora. Cree que solo él tiene la razón.

Un amigo entró a la oficina de un colega y le preguntó cómo se sentía. A lo que el ejecutivo le respondió: “Me siento terrible, hoy día no he sido duro con nadie.” Inmediatamente llamó por teléfono a un subordinado con un tono molesto: "¡Pedro, ¿y el informe que prometiste la semana pasada? Es lunes y no está en mi escritorio!". Colgó el teléfono y le confesó aliviado a mi amigo:  “Ahora me siento mucho mejor".

Si usted se siente identificado con el subordinado de la historia, trate de ayudar a su líder haciéndolo consciente de su problema. Si le es imposible, tenga paciencia; al final, la propia falta de conciencia y emociones del líder narcisista se pondrá en evidencia por sus errores y comprenderá su problema. 

 

Por David Fischman

 

 

 

 

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Conoce Effectus Fischmanconsultora de Recursos Humanos de David Fischman                                                                                                                                         

Etiquetas: cultura organizacional, clima laboral, recursos humanos, liderazgo. 

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